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La ciudad obesa

Hace un mes tomamos una oferta de tres pisos de oficinas en renta cerca de la embajada de Francia y de Polanco, debido a que las oficinas que teníamos en el sur de la ciudad; sin embargo, tuvimos un gran problema de logística, debido a que la mayoría de nuestros trabajadores trabajaban del otro lado de la ciudad y paulatinamente terminaron por renunciar, debido a que ya no podían llegar a tiempo por la mañana a la oficina y en la noche a sus casas.

Al principio dejamos ir a algunos trabajadores respetando sus deseos, pensando que esto pronto se resolvería y que la fuga del personal era una cosa temporal que debía de resolverse por sí misma, algo que fue un error garrafal, ya que el pensar que las cosas se arreglaran solas es un error garrafal, que nunca hay que cometer, algo que en un momento dado había aprendido, pero una vez más cometí el mismo error.

Pronto la fuga de personal se convirtió en un verdadero problema, ya que se expandió como una infección imparable, lo que nos forzó a tomar la decisión que hemos tomado y que hasta ahora, aunque es demasiado pronto para estimar, la cosa va bien y hemos comenzado a contratar personal que vive en la zona y hemos impuesto una política de reclutamiento que indica que solo se puede contratar a personal que viva cerca de la zona, para evitar tener los problemas que tuvimos hace poco y que casi nos cuesta demasiado caro para poder arreglar.

Estos problemas nunca hubieran sucedido si es que nuestra ciudad tuviera una planeación civilizada y bien tejida, ya que la Ciudad de México paulatinamente se ha convertido en un verdadero desastre donde, a menos que se implemente una acción drástica, no se podrá vivir en cinco o diez años será imposible vivir en esta ciudad.

Cuando digo imposible no estoy exagerando y quiero expresar en contexto exactamente lo que esa palabra significa, ya que desde tiempo nuestra ciudad se ha estado sobresaturando, por lo que a su vez los perímetros de la ciudad se han estado expandiendo, como las dimensiones de un ser humano crecen inevitablemente al comer demás y no hacer ejercicio.

La Ciudad de México es una ciudad que padece de obesidad mórbida, una ciudad que ya no puede dormir, caminar y mucho menos respirar, ya que en esta ciudad se nos ha inyectado de todo más de lo que se puede digerir y esta ciudad es una terminalmente enferma.

La Ciudad de México tuvo una planeación para poder albergar de manera saludable entre 11 y 13 millones de personas; sin embargo, nunca fue planeada, sin modificaciones importantes como trenes y buen metro, para albergar a 26 millones de personas, un número que va creciendo.

Naturalmente, con este incremento de personas, el sistema circulatorio de esta ciudad ha colapsado y un proceso necrófilo está en proceso como resultado.

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