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El animal más egoísta

Desde hace tiempo he considerado la opción de incluir un miembro más en mi hogar, que al momento está conformado por mi perro Tino y yo. Lo más normal y sencillo sería pensar en otro perro, pues a mi amigo le encanta socializar y jugar con los de su especie. Sin embargo, quizá debido a ese espíritu de contradicción que siempre me ha acompañado, yo tengo en mente a un gato.

Claro que hará falta comprobar si Tino puede interactuar y convivir con uno de los que supuestamente son sus enemigos naturales. También debo considerar si en el lugar donde vivimos actualmente habrá suficiente espacio para todos. Y, por supuesto, es preciso evaluar si mis no muy abundantes ingresos serán suficientes para que los tres vivamos dignamente.

En una ocasión, durante uno de los maravillosos ratos de asueto que nos damos en la oficina, comenzamos a platicar y por algún motivo expresé la intención de adoptar a un felino, en un futuro no muy lejano. Entonces, un compañero hizo un comentario que yo había escuchado ya en más de una ocasión; “el gato es el animal más egoísta”.

Pues sí, mucho se ha dicho y escrito acerca de la personalidad independiente, fría y escasamente complaciente de los gatos. En internet se encuentran desde memes, que muestran a los gatos en sus mejores momentos de hermosa altanería, hasta artículos basados en “investigaciones científicas”, que describen las diferencias de personalidad entre quienes prefieren a los perros o a los gatos.

El comentario, por tanto, no me pareció inapropiado en modo alguno. Sin embargo, me puso a pensar y me llevó a preguntarme si un animal puede ser egoísta y si, de ser el caso, el título del más egoísta realmente sería para el gato.

Como me gusta divagar en torno a cuestiones semejantes, en otro momento de asueto me pregunté qué características debe tener un ser egoísta y cuál es el habitante del planeta que las reúne todas.

Esta fue la lista que escribí luego de mis elucubraciones:

  • Tener una conciencia del “yo”; creo que esto es básico, pues ¿cómo podría estar alguien centrado en sí mismo, si ni siquiera tiene idea de que es un “sí mismo”? Es decir, un ser único, autónomo e independiente.
  • Creerse el centro del universo; un ser egoísta tendría la inclinación a pensar que todo lo que sucede y existe a su alrededor puede supeditarse a sus caprichos y necesidades.
  • Pensar que lo primordial es su bienestar y supervivencia; no se trata sólo del instinto natural de conservar la vida, sino de creer que para lograrlo cualquier acción es legítima y que nada más importa, mientras él esté bien.
  • Creerse con derecho a decidir no sólo por su propia vida, sino por la de otros seres, tanto de su especie como de otras.

Podría mencionar muchas características más, pero pienso que con este breve listado basta para librar al gato, o a cualquier animal no racional, del cuestionable honor de ser el animal más egoísta.

En cambio, pienso en cierta creatura que por centurias creyó encontrarse en el centro del universo y también adoptó gustoso la idea de que todo cuando existe en el mundo está a su entera disposición.

Sin duda ya saben a qué especie me refiero. Por fortuna, de esa misma categoría de seres han surgido propuestas como la de la Embajada de Activistas por la Paz, presidida por William Soto Santiago, que buscan devolver la dignidad que hemos arrebatado al resto del planeta.

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