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Agricultura Familiar

Esta navidad la pasamos con unos familiares nuestros que viven en el estado de Virginia, donde han vivido desde que se colonizo ese territorio a principios del siglo 17 por los exploradores británicos. Aunque ellos han tenido la oportunidad constante de vivir en otros lugares de la unión americana y del mundo, nunca han querido dejar su tierra por mucho tiempo y solo lo hacen de vez en vez cuando salen de vacaciones a Canadá o a México, siendo estos sus dos destinos más frecuentes, aunque no es año con año sino un poco mas esporádico.

La razón por la cual no parten con mucha frecuencia, se debe a que ellos dicen que su pequeña ciudad en el estado de Virginia es el mejor lugar del planeta tierra además de que dicen tener una conexión especial con la tierra de su tierra. Esto no es ninguna coincidencia ya que ellos como muchos americanos viven del producto de su tierra en la cual trabajan incesantemente, razón por la cual muchas veces las vacaciones son algo que simplemente no aplica.  No obstante, aunque trabajan muy fuertemente, mis tíos y primos son probablemente las personas más felices que conozco.

Mi familia materna de ese lado se dedica a la siembra de tabaco, café, y algodón algo que llevan haciendo desde al menos hace unos 250 años, cuando nuestros antepasados adquirieron casi cien hectáreas de terreno cerca del rio Potomac. En un principio, según dicen reportes hechos por un abuelos, al principio no se sabia que hacer con tanta tierra. En un principio, comenzaron por cosechar vegetales necesarios  para la supervivencia como zanahoria; lechuga; patata; cebolla y ajo, además de plantar un enorme numero de arboles de manzana.

Subsecuentemente,  al explorar sus propias tierras, nuestros familiares comenzaron a hacer artesanías de madera como arcos y flechas de primera calidad que se los vendían a los indios de la frontera, un negocio que les hubiera hecho muy ricos si no fuera porque los nativos no usaban dinero sino que operaban vía trueque dándoles piel de búfalo y nutria que le vendían a los comerciantes holandeses establecidos en Manhattan, un buen negocio aunque no uno extraordinario debido a la cantidad moderada de pieles. Después de varios años, con el boom agricultor de los estados del sur tras la independencia norteamericana, esas 100 hectáreas se convirtieron en minas de oro.

Esto fue debido a la siembra del café; algodón  y tabaco que se sembraba, mismo que se exportaba a Europa, sobre todo a lugares lejanos como Suecia y Rusia donde estas especies y esta materia eran algo inconseguible en lugares cercanos. El algodón a veces de entregaba en su estado puro y otras veces en forma de textil para lo que antes tenia que ser trabajado en una fabrica en Manchester. Fue así como comenzó y como floreció aquel negocio familiar que sigue siguiendo casi los mismos propósitos aunque de distinto modo que ha tenido tal éxito que ahora son más de 10 mil hectáreas de tierra donde hasta los señalamientos viales son producto de mis tíos.

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