La farsa de la autorregulación

Unas horas después de que el secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda, anunciara en febrero de 2001 la instalación del Consejo Nacional de Radio y Televisión, contemplado en la ley del mismo nombre que data de hace más de 40 años, los empresarios de la comunicación propusieron ante el presidente Vicente Fox instalar su Consejo de Autorregulación.

La acción gubernamental quedó frenada y puesta en el olvido, tal como ha sucedido con varias propuestas. Así, la Ley de Imprenta y la Ley Federal de Radio y Televisión han quedado prácticamente intactas desde su creación en 1917 y 1960, respectivamente. Cada intento por adecuarlas a la realidad actual es detenido con una campaña en contra, y calificado como “ley mordaza” por los emporios de la comunicación.

Frente a las insuficiencias del Estado, pero también a las reglas del mercado, por considerarse a los medios sólo como una empresa, varios especialistas como Hugo Aznar ­analista catalán en filosofía y derecho de los medios­ proponen una “tercera vía”: la autorregulación, entendida como las normas y valores autoimpuestos gracias a un compromiso ético y que se aplica mediante instrumentos relacionados con la actividad de los medios.

Estos instrumentos van desde códigos de ética o de conducta y manuales de estilo o de redacción, hasta consejos editoriales y defensores del lector, oyente o televidente, de acuerdo con el medio.

¿El Estado o el mercado?

En el caso del mercado, las tensiones económicas se enfrentan al interés del público, guía fundamental para los medios, pues teóricamente es su brújula. La empresa mediática es vista de esta manera como un negocio más, donde la información es mercancía: un producto que se ofrece a ciertos clientes, en lugar de un público, que con sus perfiles socioeconómicos atractivos para la publicidad serán quienes redituarán los programas al aire o las ofertas impresas.

Otros peligros mayores son la competencia desmedida entre los propios “negocios” mediáticos por los anunciantes, quienes ponen el dinero para que el medio subsista; esto se traduce en programas de ínfima calidad pero que son muy rentables, y la concentración de diversos medios para reducir costos entre ellos, lo cual reduce la oferta informativa y de contenidos.

Estas condicionantes comerciales afectan las decisiones editoriales y de contenido que son relegadas a la obtención de la mayor cantidad de recursos, sin considerar que, sobre todo en el ámbito noticioso, hay una gran responsabilidad que no se está dispuesto a asumir si ello implica percibir menos ingresos económicos.

Si el Estado es el principal regulador, los intereses políticos luchan contra los del público. Para Aznar, el riesgo principal es la parcialidad del sistema judicial, que, aunque es autónomo respecto a los poderes Legislativo y Ejecutivo, cuando menos presupuestalmente depende de este último, y puede tomar una postura contraria a la sociedad basada en criterios estatales o partidistas.

Por esto mismo, Aznar explica y de alguna manera justifica que los intentos legislativos y ejecutivos por establecer una regulación hacia los medios siempre fracasará, por verse como un intento de socavar la libertad de expresión.

Esto lo confirman Jorge Carpizo y Ernesto Villanueva al hacer un recuento de los últimos intentos legislativos sobre medios en México: “En pocas materias del derecho se pueden advertir tantas resistencias y dificultades para reformar el marco jurídico vigente, como ha sucedido en el proceso que sigue pendiente para reglamentar el derecho a la información en México”.

Aznar menciona como características de la autorregulación que depende de la libre iniciativa, es decir, se trata de un compromiso voluntario de propietarios o gestores (directivos o administradores), profesionales (periodistas) y el público, así como el que debe compensar las insuficiencias regulatorias del Estado y el mercado, mas no suplantarlos.

“Lo distintivo de la autorregulación es que tanto su puesta en marcha, como su funcionamiento y su efectividad dependen de la libre iniciativa y el compromiso voluntario de los tres sujetos de la comunicación: los propietarios y gestores de las empresas de comunicación (tanto públicas como privadas), los profesionales que realizan los medios y el público.”

Uno de sus principales argumentos para defender la medida es que si los que conocen de lleno su profesión y el ambiente donde se desenvuelven son los propios periodistas y quienes dirigen los medios, lo mejor es que sean ellos mismos quienes impongan sus criterios y no alguien externo.

Ventajas y condiciones

La autorregulación presenta varias ventajas: permite discernir con prontitud y precisión, sin necesidad de esperar un veredicto externo; ahorra costos sociales y económicos por los procedimientos administrativos que deban hacerse ante tribunales porque puede haber arreglos entre los afectados y el medio por otras vías, como el derecho de réplica, donde el ofendido tiene la oportunidad de desmentir la información anteriormente divulgada por el medio.

Esta vía intermedia y punto de equilibrio entre la regulación (del Estado o del mercado) y la desregulación total no requiere (ni es posible) la coacción en caso de que se incumpla alguna de las normas asumidas, pero sí hay una autoridad y legitimidad morales, que provienen del propio público, quien será el máximo juez en este caso.

Sin embargo, más que dar un cheque en blanco para que las empresas de comunicación hagan lo que les parezca sin la injerencia externa, Aznar señala cuatro funciones o condiciones para que la autorregulación funcione efectivamente:

Formular públicamente las normas éticas que deben guiar la actividad de cada medio, para que el público conozca las “leyes” que éste se compromete a observar y que, en caso de incumplirlas, sean sus propios lectores, escuchas o espectadores los que demanden su cumplimiento; propiciar que se den las condiciones laborales, profesionales y sociales para la ejecución de las máximas; denunciar las faltas y corregir cuando no se cumplan los lineamientos, y actualizar constantemente los propios documentos para motivar la reflexión de los temas que se convierten en motivo de preocupación entre medios y sociedad.

Aznar reconoce que la iniciativa que ha defendido en sus páginas tiene limitaciones, pero afirma que es necesaria como obligación y responsabilidad de los medios, para su mejora continua y el éxito de la independencia y libertad.

Autorregulación a la mexicana

¿Aplican los medios mexicanos las condiciones para que funcionen sus instrumentos? Para poner un ejemplo, consideramos los documentos elaborados por El Universal, Grupo Reforma, Imagen Informativa y Televisión Azteca.

Son El Universal, que dio a conocer su código de ética en marzo de 1998, e Imagen Informativa, que hizo lo propio con el suyo en enero de 2000, los medios que cumplen con hacer públicos sus compromisos al anunciar la formulación de sus criterios en sus respectivos medios al tiempo de exponerlos en sus páginas de Internet. Pero desde su elaboración hace cinco y tres años, respectivamente, no se conocen revisiones o evaluaciones a su contenido.

El código del periódico fundado en 1916 y dirigido por Francisco Ealy Ortiz contiene 12 apartados que indican, por ejemplo, que la información que presente el matutino estará equilibrada y que se distinguirá claramente entre los resultados de una encuesta y una noticia, precedidos de una introducción, propósito y misión del documento.

El de la división de noticias de Grupo Imagen, adquirido recientemente por Olegario Vázquez Raña, contiene 15 secciones que detallan los aspectos de un tratamiento ideal de la información, su enfoque informativo y la convicción de mantenerse independientes de cualquier sector.

Sin embargo, estos planteamientos fueron insuficientes para evitar un rompimiento entre Pedro Ferriz de Con y Carmen Aristegui y Javier Solórzano, los tres comunicadores que iniciaron el proyecto periodístico con participación accionaria en la empresa que posee las estaciones Imagen en México y Monterrey, así como Radioactivo y la XELA en la capital mexicana.

Pretender “disciplinar” a sus compañeros y socios, marcar un criterio editorial para todos los noticiarios del grupo e impedirle el acceso a cabina a Aristegui para conducir su espacio informativo, son algunas de las formas como Ferriz de Con echó por tierra el código de Imagen.

Foto: Adrián Cortés
Incluso la postura inicial de Aristegui acerca de la protección que brinda un código de ética cambió radicalmente después del conflicto, de afirmar que los lineamientos periodísticos serían una “vacuna” que los protegerían de cualquier “sorpresa” que pudiera presentárseles en el camino, a asegurar que es insuficiente.

“La idea es tener la intención y la convicción de que los medios y los comunicadores debemos hacer un esfuerzo por establecer reglas del juego lo más claramente posible. Falta camino por recorrer. Ya vimos que un código de ética no es suficiente, que se requiere un andamiaje institucional mucho más sólido, que tenga que ver con nuestras leyes”, declaró Aristegui a la revista Telemundo después de salir de Imagen.

Grupo Reforma cuenta con un manual de estilo, que incluye al inicio dos páginas de señalamientos éticos firmados por Alejandro Junco de la Vega, presidente y director general del consorcio que agrupa a los periódicos El Norte de Monterrey, Reforma de la ciudad de México, Mural de Guadalajara y Palabra de Saltillo, principalmente.

En general contiene reglas para unificar criterios de redacción y recomendaciones para realizar un buen trabajo informativo. Es distribuido de manera impresa a sus empleados y a quienes toman un taller de redacción en las instalaciones de sus periódicos cada año en verano. También cuenta con consejos editoriales para cada una de sus secciones diarias.

Quien de plano actúa en sentido contrario respecto de sus propias directrices es TV Azteca, cuyos principios editoriales y criterios informativos fueron dados a conocer por etcétera en su edición de octubre pasado, pues son de carácter estrictamente interno y guardados celosamente como tales.

Además de que en estos lineamientos breves los principios empresariales tienen preferencia frente a otros, etcétera expuso en esa ocasión cómo la televisora del Ajusco viola su propio código. Ejemplo de ello es la cobertura informativa que realizó Televisión Azteca del conflicto con CNI Canal 40 cuando despojó a Televisora del Valle de México de sus instalaciones en el cerro del Chiquihuite. En dicha cobertura la empresa de Ricardo Salinas Pliego no presentó los puntos de vista de todos los involucrados, suprimió la información de sus críticos y se dedicó a difamar a Javier Moreno Valle.

Los empresarios, ¿se regulan?

La información sobre el Consejo de Autorregulación de la CIRT en la página del organismo es muy escasa, pues sólo se menciona el objetivo de éste, el cual es dedicarse a observar la aplicación de principios “éticos y cívicos”, así como también se especifica quienes forman parte de este organismo. Sin embargo no hay definición de esos principios o los criterios de calidad para la programación a los que sus miembros se comprometan públicamente a observar o respetar.

Dentro de sus miembros, sólo hay una persona que podría denominarse como representante de la sociedad civil, y es el secretario general de la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (ANUIES), aunque sólo agrupe a un pequeño porcentaje de la población del país. Los demás integrantes del consejo son empresarios o representantes de los emporios mediáticos y de anunciantes. El único vínculo social directo son los comentarios y sugerencias que se pueden hacer llegar personalmente, a través de Internet o por escrito.

La composición de este consejo sugiere un criterio de mercado que va en contra de uno de los objetivos de la propia autorregulación: ser complementario de las reglas impuestas por el dinero, por lo que su efectividad hasta ahora ha demostrado ser nula.

Tareas pendientes

Si bien los esfuerzos mostrados aquí y los demás realizados por parte de los medios mexicanos en cuanto a directrices y normas que les permitan orientar su trabajo diario son importantes, falta todavía quienes muestren a sus públicos sus bases de acción para que, efectivamente, lo hagan, y los lectores, radioescuchas o televidentes sean quienes demanden su cumplimiento.

También falta aún mucho por hacer dentro de las leyes del país, cuya reforma se muestra cada vez más necesaria para un efectivo Estado de derecho y la protección de otros derechos, además del acceso a la información, que pueden ser vulnerados por los medios informativos, aunque algunos garanticen la defensa de los mismos en sus estatutos éticos.

Foto: Gustavo Guevara
“Hablemos de poder o de influencia, lo cierto es que son ellos los que ahora disponen de una enorme capacidad para seleccionar los asuntos y las informaciones que centran la atención de la sociedad, y para modificar las concepciones simbólicas y los sistemas de valores de los individuos, influyendo así de un modo u otro en sus conductas”, dice Aznar para ilustrar la importancia del tema.

Ante este panorama, los medios de comunicación deben continuar con su esfuerzo deontológico, porque lo hasta ahora realizado en ese sentido y sus incumplimientos nos comprueban que la autorregulación es insuficiente. Un baño de credibilidad que usan para justificar su reticencia a la legislación en la materia, que cada día es más necesario adecuarla a los tiempos actuales.

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Los códigos deontológicos y la prensa escrita

Laura Islas Reyes

La presencia de un código de ética en los medios impresos mexicanos es algo poco común, pero más inusual todavía es su cabal cumplimiento. En el Distrito Federal circulan alrededor de 20 periódicos, según datos de la Dirección General de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación, de los cuales sólo tres cuentan con un código de ética.

El Universal, El Economista y La Crónica de Hoy son los tres diarios que poseen una serie de lineamientos éticos establecidos en un código público, que puede ser consultado en sus respectivos sitios Web (Reforma dio a conocer su “Decálogo Reforma” en diciembre de 2003 en su edición impresa).

El resto, no cuenta con este instrumento, no lo hace público o lo considera como una promesa para los lectores que no termina de cumplirse. Tal es el caso de La Jornada. Hace siete años su directora Carmen Lira, entonces recién nombrada en el cargo, declaró lo siguiente: “un equipo de especialistas ha elaborado un Código de Conducta de La Jornada que pronto será dado a conocer a la comunidad para su inmediata puesta en práctica”. Hasta el cierre de esta edición, dicho código de conducta no había sido dado a conocer.

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Código Universal

En 1998 El Universal dio a conocer su código de ética, con el propósito de definir “los principios que enmarcan el desempeño de todos los integrantes del periódico y tiene la finalidad de hacer claros y públicos los compromisos morales de El Universal”.

“Independencia, honestidad, equilibrio, respeto, responsabilidad, hechos, declaraciones, fotografías y gráficas, fuentes confidenciales, cumplimiento de palabra, publicidad, concursos y premios” son los 12 puntos en los que el llamado “gran diario de México” desglosa las reglas que orientan su oferta editorial.

Para lograr el “equilibrio” informativo, El Universal señala que se “requiere la presentación de hechos relevantes sin distorsiones y en su debido contexto”; y como elemento de este equilibro menciona el considerar “puntos de vista opuestos”.

“Los periodistas de El Universal deberán convertir en una práctica de aplicación constante la de recabar los puntos de vista de los actores en un debate, conflicto o pugna. Cuando una de las partes se niegue a definir su postura, o resulte para el reportero imposible recabarla, el diario lo hará del conocimiento de sus lectores.”

En este sentido, una nota publicada el 14 de junio de 2002 afirma: “Pretende Woldenberg ejercer ley mordaza, acusan consejeros”. El reportero Jorge Herrera reproduce las declaraciones del ex consejero electoral Jaime Cárdenas sobre “un escrito dirigido… a Cárdenas, pidiéndole ya no opinar sobre las investigaciones del financiamiento de las campañas presidenciales del panista Vicente Fox Quesada, y del priísta Francisco Labastida Ochoa”.

Cárdenas opinó entonces: “Sí hay una presión fuerte encabezada por el consejero presidente, como parte de la administración del miedo, característica de cualquier régimen autoritario”. En la redacción de esta nota no se encuentra una réplica por parte de José Woldenberg ni se documenta si el entonces consejero presidente del IFE no definió su postura frente al asunto.

Un día después, una nota informa sobre una carta que Woldenberg envió a El Universal en cual que desmiente haber ejercido alguna presión sobre el ex funcionario electoral. “El presidente del Consejo General del Instituto Federal Electoral (IFE), José Woldenberg Karakowski, aceptó haber propuesto enviar al consejero Jaime Cárdenas Gracia una ‘carta privada’, donde le explicaría los motivos legales y las responsabilidades política y ética en las que incurriría si difundía información preliminar sobre los procesos de investigación que efectúa la Comisión de Fiscalización.

“Empero, aclaró que de ninguna manera el intercambio de opiniones con su compañero consejero electoral ‘puede considerarse una forma de presión y mucho menos una amenaza’.”

También, dentro de su código de ética, El Universal considera que: “El periódico tiene la responsabilidad de permanecer accesible a los lectores y explicar sus decisiones periodísticas y procesos. El diario debe dar a conocer al público sus criterios y políticas. El Universal debe ofrecer un foro para una amplia variedad de opiniones y puntos de vista políticos”.

No obstante este lineamiento, la salida de Ramón Alberto Garza de la dirección del diario (ver etcétera, enero 2003) sigue sin ser explicada a sus lectores.

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La errata nuestra de cada día

Según el primer apartado del código de ética del periódico La Crónica de Hoy, “Todo periodista debe siempre tener presente su responsabilidad en cuanto a la forma en que comunica su información. Aquel periodista que comete faltas graves a la gramática y ortografía españolas se convierte en cómplice de una degeneración innecesaria del lenguaje. Se trate de noticias, reportajes, crónicas o artículos, los materiales publicados deberán estar escritos con rigor profesional y creatividad”.

Y sobre sus errores, el diario encabezado por Pablo Hiriart asegura en sus lineamientos deontológicos que “cuando se cometan errores, de información, redacción u ortografía, hay que reconocerlos sin tapujos”.

De ser así, habría una amplia sección de erratas en Crónica. Tal como lo documentó etcétera en su edición de septiembre de 2003, Crónica suele descuidar el manejo del lenguaje, la ortografía, gramática y sintaxis en la información que presenta.

Así pues, en las páginas de Crónica es posible hallar erratas de todo tipo: “asaña” (hazaña), “embaces” (envases), “víceras” (vísceras); delgación (delegación); cuerdas “bucales” en lugar de vocales; apellidos que un día se escriben “Scarpello” y después se “castellanizan”: “Escarpello”; expresiones como “la banda no ofreció nada (sic) que no fuera su música”, para referirse a un concierto en el que, obviamente, “la banda” ofreció su música. La galería de horrores de etcétera se ha alimentado de ejemplos como éstos.

En esta edición, se analizan las fobias y filias políticas de Crónica y cómo éstas sesgan la oferta editorial del periódico pese a que según su código de ética “en una nota no se debe dar más peso a la información irrelevante que a la que tiene más significado. Esto a menudo conlleva una manipulación de la información, aunque no se llegue a mentir”.

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El decálogo de Reforma

En diciembre de 1993, Alejandro Junco de la Vega definió a Reforma como un “nuevo periódico de La Capital cuyas páginas reflejarán aquello que es íntimo y fundamental para el conocimiento, sentimientos, afectos y decisiones del mexicano moderno”.

El nuevo diario presentó en aquella ocasión un decálogo en el que basa su oferta editorial. El documento presenta una serie de generalidades que permanecen sin ser precisadas, y son poco conocidas por los lectores, a diez años de la aparición del diario.

1. Mantener la independencia.

2. Ser buen depositario del derecho ciudadano a estar informado.

3. Ejercer la libertad de expresión, indagando y publicando hechos, datos y verdades de interés público.

4. Defender los derechos del ser humano, los valores de la democracia representativa y de la libre iniciativa.

5. Asegurar el acceso de los lectores a las diferentes versiones de un suceso, a las distintas corrientes del pensamiento y opinión de la comunidad.

6. Garantizar el derecho a la réplica objetiva

7. Abrir los procesos de información del periódico al escrutinio y a la participación activa de consejos editoriales de la comunidad.

8. Respetar el derecho de cada individuo a su privacidad, salvo cuando este derecho constituya un obstáculo a la difusión de información de interés público.

9. Diferenciar, en forma identificable para los lectores, el material editorial y el publicitario.

10. Corregir errores que hayan sido cometidos en sus ediciones.

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Temas relacionados con autorregulación en www.etcetera.com.mx

“Un código de ética para los medios mexicanos”, noviembre 2000.

“Legislación y autorregulación”, Laura Islas Reyes, Arturo González y Nelly Mejía Méndez, abril 2001.

“Sinfonía en tres movimientos”, Francisco Báez Rodríguez, abril 2001.

“La gran contradicción”, Fátima Fernández Christlieb, abril 2001.

“Decálogo para periodistas”, Adam Michnik, 4 de febrero 1999.

“Regular el periodismo”, José Luis Exeni R., 3 de junio de 1999.

“Al defender sus intereses, Azteca viola sus códigos”, Laura Islas Reyes, octubre 2003.

Bibliografía

Hugo Aznar, Ética y periodismo. Códigos y documentos sobre autorregulación, España, Paidós, 1999.

Jorge Carpizo y Ernesto Villanueva, “Crónica de los frustrados intentos reformistas”, en Revista Mexicana de Comunicación, marzo-abril 2001.

Código de Ética de El Universal, disponible en http://www.eluniversal.com.mx/disenio/directorios/codetica.htm

Código de Ética de Imagen Informativa, disponible en http://www.imagen.com.mx

Álvaro Delgado, Antonio Jáquez y Fernando Ortega, “Regular medios, ¿lucha perdida?” en Proceso, 25 de febrero 2001.

José Antonio Fernández, “Entrevista con Carmen Aristegui: México vive todavía la transición a la democracia; a todos nos falta madurar”, en Telemundo, abril 2000.

José Antonio Fernández, “Entrevista con Carmen Aristegui: ‘Me puedo ver al espejo y me siento bien conmigo misma'”, en Telemundo, noviembre-diciembre 2002.

Manual de Estilo, Grupo Reforma, mayo 1999.

Objetivo del Consejo de Autorregulación, http://www.cirt.com.mx/objetivos_integrantes.html

Adriana Vizcaíno y Mayolo López, “Establecen radio y TV código ético”, en El Norte, 7 de marzo 2001.

Invitación a la ética

La relación ética no es la única posible con el otro; tiene, a nuestro modo de ver, el privilegio de ser la que más críticamente busca su arraigo coherente y consciente en lo que el hombre quiere y en lo que el hombre es, o sea en lo que quiere ser.

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El mundo no sólo es lo que es, sino también, puesto que el hombre lo habita y lo anima, lo que puede ser y lo que debe ser. Se cifra así en el ideal ético un rechazo de la indiferencia.

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El ideal ético consiste en articular y reconciliar todo aquello que el hombre quiere, es decir, todo lo que para él vale.

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La ética es un esfuerzo creador, consiste en poetizar la vida y transformarla en obra de arte, en artificio; los dones construidos, los que provienen de vencer con esfuerzo una resistencia o superar el determinismo de una inclinación.

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Lo malo de los intereses no consiste tanto en lo que quieren como en lo que renuncian a querer, al abusar de la polarización que prefieren.

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Claro que no toda forma de triunfar vale, ni tampoco todo lo que la opinión mecánica considera victoria o eficacia lo es realmente (…) no es verdadero triunfo aquel conseguido merced a lo que nos desmiente.

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En la dignidad se afirma la incondicionalidad y autodeterminación del querer humano, no sometido a ninguna restricción o servidumbre, que no admite en este mundo la existencia de ningún rango superior ante el que necesariamente doblegarse.

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El ideal de la comunicación racional no es un problema pura ni siquiera principalmente lingüístico, pues la reciprocidad exige un mismo plano en el que comunicarse, una intrínseca igualdad no obstaculizada por la violencia, la miseria, la ignorancia o el monopolio de las decisiones colectivas en manos de unos cuantos.

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La ética nunca renuncia o aplaza su querer, porque precisamente se opone a la instrumentalización del hombre, no sólo por otros hombres sino también por sí mismo (…) Lo importante para la ética es la consecuencia, no las consecuencias, pues nada puede tener peores resultados que la abolición de la posibilidad presente y el postergamiento del querer tras una cadena de medios elegidos por la necesidad misma y no por nuestra libertad.

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La ética no lo puede todo, no lo penetra todo, quizá ni siquiera aspire de veras a todo. Tropezamos con su límite pronto, aunque quizá no tan pronto como cree la mayoría ni allí donde la mayoría suele encontrarlo. La ética está entreverada de lo que la subvierte y lo que la burla: también de lo que la inunda, de lo que la rebasa. Abnegada por pura altivez, insiste en dar cuenta de aquello que se da cuenta de que no puede ser contado. Pero insiste y vuelve a insistir. Sin embargo, su secreto es que nadie va a contentarse sólo con ella; que ella misma, solitaria y desnuda, es inconcebible. Por eso en su fervor humanista hay algo dramáticamente sobrehumano y por eso a la sombra del respeto que predica tiembla incontenible una gran carcajada.